Si miras hacia atrás, quizá notes un patrón que se repite. Te enamoras con intensidad, ves en la otra persona algo casi especial, diferente, incluso salvador
. Al principio todo encaja. Sientes conexión, ilusión, una especie de calma mezclada con nervio.
Y sin embargo, con el tiempo, aparece el dolor. La decepción. La sensación de haberte vuelto a perder a ti misma en una relación que no termina de sostenerte.
Entonces llega la pregunta incómoda: ¿por qué siempre idealizo a mis parejas, incluso cuando sé que luego me hace daño?
1.Idealizar es supervivencia
Solemos pensar que idealizar a la pareja es ser poco realista, inmaduro o excesivamente romántico. Pero en consulta aparece algo muy distinto: la idealización surge para cubrir una necesidad.
Idealizar es una forma temprana y muy profunda de vincularse. Una manera de agarrarse al otro para sentirse a salvo, visto, elegido. En muchos casos, no es una elección consciente, sino un patrón aprendido muy pronto.
2.Cuando idealizar fue necesario para no sentir la falta
Para muchas personas, idealizar fue una estrategia emocional temprana. A veces crecemos en contextos donde el amor no fue constante, predecible o suficientemente disponible. Puede que no faltara lo básico, pero sí algo más sutil: la presencia emocional, la seguridad, la sensación de ser importante sin tener que esforzarse.
En esos contextos, el vínculo se vuelve frágil. Y la mente infantil hace lo que puede para no romperse. Idealizar puede aparecer entonces como una forma de:
- Mantener la conexión con figuras importantes.
- Sostener la esperanza de ser querido.
- Evitar sentir el vacío, el rechazo o el abandono.
Cuando idealizas, estás intentando proteger el vínculo.
3.La idealización en las relaciones adultas
Hemos visto entonces que idealizar nos ha ayudado y tenía una función. El problema es cuando sigue activa en la vida adulta, especialmente en las relaciones de pareja. Ahí suele aparecer este patrón:
- Te enamoras rápido.
- Ves potencial donde aún no hay hechos.
- Justificas ausencias, frialdad o incoherencias.
- Te adaptas demasiado.
- Toleras más de lo que te duele.
Y aunque una parte de ti empieza a notar que algo no encaja, otra parte insiste: Si aguanto un poco más
, si lo entiendo mejor
, si no pido tanto
. La idealización funciona aquí como un anestésico emocional. Reduce el dolor… pero también la lucidez.
4.Apego, trauma relacional y miedo al abandono
Desde la psicología del apego, la idealización suele estar muy ligada al miedo al abandono. No siempre es un miedo consciente. A veces no se siente como pánico, sino como:
- Ansiedad cuando el otro se distancia.
- Necesidad intensa de conexión.
- Dificultad para soltar incluso cuando duele.
- Sensación de que sin el otro algo se desmorona dentro.
En estos casos, la relación no solo es una relación: es un regulador emocional. Y cuando el vínculo amenaza con romperse, se activan memorias emocionales muy antiguas. Se trata de no volver a sentir aquella soledad primitiva.
5.El cuerpo idealiza antes que la mente
Hay algo importante que suele pasar desapercibido: la idealización no empieza en la cabeza, empieza en el cuerpo.
Antes de que puedas pensar estoy idealizando
, tu sistema nervioso ya ha reaccionado. Ya hay activación, expectativa, necesidad, alerta. Por eso muchas personas dicen: Sé racionalmente que no me conviene, pero no puedo evitar sentir lo que siento
.
Y es verdad. Porque la memoria emocional es preverbal. Siente antes de que puedas poner palabras. Aquí es donde muchas terapias puramente cognitivas se quedan cortas.
6.Cuando la idealización tapa otras emociones
Idealizar no solo engrandece al otro. También tapa cosas propias:
- La rabia por no ser cuidada.
- La tristeza por no sentirse elegida.
- El miedo a no ser suficiente.
- El cansancio de sostener siempre.
Mientras idealizas, no puedes enfadarte del todo. No puedes ver con claridad. No puedes irte. Y eso, aunque protege del dolor inmediato, prolonga el sufrimiento a largo plazo.
7.Un nuevo idioma emocional
Para aprender un idioma nuevo no basta con entender la teoría. Hay que escucharlo, practicarlo, equivocarse, sentirse torpe, volver a intentarlo. Y durante un tiempo, aunque quieras hablar distinto, seguirás reaccionando en el idioma de siempre.
Si tu cuerpo idealiza como mecanismo de protección, no es porque no sepas que te hace daño. Es porque aún no ha aprendido otra forma de amar que le resulte segura.
8.Más allá de dejar de idealizar
Muchas personas llegan a terapia queriendo dejar de idealizar
. Pero el trabajo profundo es otro:
- Aprender a sostener la decepción sin derrumbarse.
- Tolerar la distancia sin perderse.
- Reconocer el propio valor sin necesitar ser elegido.
- Conectar con el cuerpo, no solo con la mente.
Idealizar a tus parejas no te hace débil. Te habla de una historia emocional que merece ser entendida, no juzgada. Ahí, donde las palabras a veces esconden defensas, es donde empieza el cambio real.